Por qué los modelos predictivos y las simulaciones no siempre anticipan la transmisión del riesgo sistémico
“¿No basta con un buen modelo para anticipar crisis?” Es un razonamiento frecuente en
los consejos de administración. Sin embargo, la realidad es que los modelos predictivos,
por complejos que sean, se basan en datos históricos y supuestos que rara vez capturan
la totalidad de las dinámicas del sistema. Un caso ilustrativo ocurrió en 2025, cuando
los modelos de estrés no lograron anticipar la velocidad de transmisión de un shock
externo. Las variables consideradas clave —liquidez, correlaciones de activos, niveles
de capital— mostraron límites ante la interacción de eventos no previstos, como fallos
tecnológicos combinados con movimientos abruptos en mercados secundarios.
¿No
se pueden ajustar los parámetros para mejorar la precisión? Hasta cierto punto, sí. Pero
a mayor ajuste, más sensibles se vuelven los modelos a pequeñas desviaciones. Las
simulaciones pueden ilustrar rutas plausibles de contagio, pero no garantizan que se
cubran todos los escenarios posibles. Así, las entidades financieras españolas han
aprendido a complementar los modelos cuantitativos con juicios cualitativos y revisiones
periódicas de supuestos. Esto añade trabajo y puede ralentizar la toma de decisiones,
pero reduce el riesgo de confiar ciegamente en proyecciones automáticas.
En
resumen: los modelos son útiles, pero deben ser tomados como guías aproximadas, no como
oráculos. La transparencia sobre sus límites es fundamental para una gestión realista
del riesgo sistémico.
“¿Por qué fallan las simulaciones de escenarios extremos?” Es una queja recurrente
después de una crisis no anticipada. El motivo principal es que los escenarios extremos,
por definición, implican condiciones que apenas tienen precedentes. Los modelos suelen
basarse en distribuciones históricas y supuestos de normalidad que no se cumplen cuando
los mercados experimentan choques inéditos o concatenaciones de eventos. Por ejemplo, la
crisis simultánea de liquidez y de ciberseguridad en 2025 puso a prueba todos los
protocolos existentes. Las simulaciones, aunque útiles para identificar
vulnerabilidades, no pudieron prever la magnitud real del contagio.
Las
autoridades regulatorias españolas y europeas han intensificado la exigencia de
ejercicios de simulación, pero reconocen sus limitaciones. Es posible mejorar la
cobertura de escenarios, pero nunca eliminar la posibilidad de un fallo. Por eso, los
supervisores han insistido en la importancia de mantener reservas adicionales de
liquidez y planes de contingencia flexibles. La gestión del riesgo sistémico requiere
aceptar la incertidumbre y preparar respuestas ágiles, no solo confiar en modelos
matemáticos.
En definitiva: la simulación es un instrumento, no un seguro. Es
preferible usarla para probar hipótesis y revisar protocolos que para predecir con
exactitud el curso de una crisis futura.
“¿Hasta qué punto influyen los supuestos de los modelos en el resultado?” Bastante. Cada
modelo incorpora una serie de hipótesis sobre correlaciones, tiempos de reacción y
elasticidad de los mercados. Cuando estas hipótesis dejan de cumplirse, el resultado
puede desviarse de la realidad de forma abrupta. Así ocurrió con los modelos que
subestimaron el impacto de la volatilidad digital en 2025: los parámetros de correlación
no anticipaban la velocidad de respuesta de los algoritmos de negociación automática.
¿Qué
hacen las entidades españolas al respecto? Han optado por reforzar la revisión periódica
de supuestos y establecer canales de retroalimentación rápida cuando la realidad del
mercado diverge de lo proyectado. Los reguladores, por su parte, exigen ahora mayor
documentación y validación externa de los modelos críticos. Todo esto implica un mayor
coste operativo y exige capacidades técnicas avanzadas, pero es el precio de una
vigilancia más efectiva.
El mensaje: los modelos son necesarios, pero su
utilidad depende de una gestión activa de sus supuestos y de la capacidad institucional
para adaptarse ante sorpresas. La disciplina consiste en mantener la humildad frente a
la incertidumbre estructural de los sistemas financieros interconectados.